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Viernes, 04/09/09
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El Mongol Rally, un rally solidario…y una aventura inolvidable

Impormovil-Autofit patrocinó una expedición que llegó en vigésimo puesto entre 500 participantes

El Mongol Rally, un rally solidario…y una aventura inolvidable

23 años es una edad perfecta para ver mundo y vivir experiencias intensas. Ignacio Blanco y Álvaro Gil-Casares, con el apoyo de Impormóvil-Autofit, se embarcaron en un viaje que les llevaría a cruzar un tercio del planeta con el doble objetivo de la solidaridad y la satisfacción personal.

Este es el muy extenso y muy intenso relato en primera persona de todo lo que Ignacio ha visto y vivido a lo largo de ese largo trayecto.

"Hará cosa de 8-9 meses, exactamente en diciembre de 2008, recibí una llamada de un buen amigo informándome de la existencia del Mongol Rally. Esa misma tarde quedamos para tener una conversación muy interesante sobre lo maravilloso e impresionante que era dicha actividad, que consistía simple y llanamente en recorrerte 1/3 del mundo con la única ayuda de un vehiculo de pequeña cilindrada y una buena compañía.

Todo ello sonaba muy bien, pero cuando me enteré de que era con carácter benéfico, terminé de convencerme a mí mismo de que sería la experiencia de mi vida.

Manos a la obra

Una vez convencido, decidí ponerme manos a la obra: me puse en contacto con la organización para informarles de mi participación en la siguiente edición, automáticamente, ellos me informaron de los trámites a seguir para conseguir todos los documentos y visados para realizar este viaje.

El primer paso fue decidir cual sería nuestra ruta; el punto de salida era Barcelona (España) y el de llegada a Ulan Bator (Mongolia).Álvaro y yo estuvimos leyendo foros en Internet sobre la aventura y los de antiguos participantes y, finalmente, la ruta a seguir sería: España, Francia, Italia, Austria, Alemania, Republica Checa, Eslovaquia, Hungría, Ucrania, Rusia, Kazagistan,Uzvequistan, Kazagistan, Rusia y Mongolia (accediendo a Mongolia por la parte norte, situada a 1.400 km de la capital).

Patrocinadores: Impormovil-Autofit, embarcados en el rally solidario

El segundo paso a seguir fue la búsqueda de un patrocinador que pudiera financiarnos.Para ello realizamos un dossier explicando paso a paso en lo que consistía la actividad y ofreciendo a los patrocinadores la oportunidad de ser publicitados en nuestro vehículo a lo largo del mundo y durante los meses previos en nuestra ciudad. Una vez realizado el dossier lo enviamos a las empresas más importantes del sector del automóvil.

Rápidamente recibimos la contestación por parte del departamento de marketing de Impormovil-Autofit de su gran interés en ayudarnos a llevar acabo esta bonita y benéfica aventura.Impormovil, con su red de talleres Autofit, es uno de los líderes en el sector del recambio y puso a nuestra disposición todos los materiales que nos pudieran hacer falta, además nos facilitaron la adquisición del vehiculo con el que realizaríamos el viaje (Fiat Panda 1.2 dinamic ).

Nuestra misión de búsqueda de patrocinadores continuó y tuvimos la gran suerte de terminar poniéndonos en contacto con un grupo fabricante de un producto lácteo importado de Argentina que tenia gran interés en darse a conocer en nuestro país y nosotros les ofrecimos una manera de publicitarse de manera diferente a las demás.

Buscando visa para un sueño

Tras tener la gran suerte de ya tener dos buenos patrocinadores que se harían cargo de la financiación del viaje, nos pusimos con una de las partes más difíciles a realizar, la obtención de visados.

La gran mayoría de los países fueron trámites caros pero sencillos pero la obtención del visado en Rusia fue seriamente complicado por la gran cantidad de impedimentos para que accedas a su país con un vehículo extranjero.

Equiparse adecuadamente

Una vez conseguido todos los visados y realizado toda la burocracia necesaria el siguiente paso sería el planear cuales serian los materiales necesarios, para ello realizamos diferentes listas separándolas por secciones: Vehiculo, Alimentación, Ropa y Extras.Tras realizar las listas tuvimos que hacer la selección exacta de que cosas de dichas listas elegiríamos dado que el espacio era muy reducido y el viaje muy largo, finalmente optamos por llevar lo imprescindible e intentar solventar los imprevistos a lo largo del viaje con lo que nos fuéramos encontrando.

Convertir un Panda en una máquina imparable, cosa de Impormóvil-Autofit

Ya solo nos quedaba el último paso, la puesta a punto del vehículo; y de nuevo tuvimos la colaboración por parte del grupo Impormovil-Autofit para hacer de nuestro pequeño panda una gran máquina con la que cruzar medio mundo. Parecía que teníamos todo organizado solo quedaba esperar el día de la salida.

3, 2, 1, ¡salida!

El día llegó y nos presentamos en Barcelona con todas las ganas y la intención de comenzar esta gran aventura y experiencia inolvidable, partiríamos de España con el apoyo de nuestros seres queridos y de todas las personas que habían confiado en nosotros.

El acto de salida se realizo en el puerto de Barcelona, ahí nos juntamos todos los participantes españoles y algunos ingleses y americanos que decidieron tomar Barcelona como punto de partida, pudimos ver los vehículos con lo que competiríamos entre los cuales se encontraban ambulancias, grúas y turismos de todo tipo, después de un concierto y de las palabras de uno de los organizadores por fin se dio la salida.

En marcha

Nuestro primer destino Francia, parecía que todo iba de manera correcta y que no nos faltaba nada, pero fue comenzar y tener nuestro primer percance: en uno de los primero peajes en Francia una señora muy amable que se encontraba en el vehículo de al lado bajo su ventanilla y a gritos nos aviso que nuestro vehiculo desprendía humo.

Tras solucionar el problema, vimos que este suceso nos retrasó mas de 4 horas respecto al grupo y ello hizo que ya la primera noche tuviéramos que pasarla en vela conduciendo para darles alcance.A la mañana siguiente, alrededor de las 4 de la mañana, ya en Italia, decidimos descansar 3 horas en un área de descanso dentro del coche para luego emprender de nuevo camino con un solo propósito: conseguir llegar hasta Praga (Republica Checa) donde al día siguiente se realizaría el acto internacional del Mongol Rally.

Este segundo día fue un día muy intenso en el cual no hubo descanso. Dado que por parte de la organización esta prohibido el uso de GPS, nos desviamos de la ruta original y terminamos dando acceso a Austria por el Tirol italiano (un paisaje único).Una vez retomada la ruta, atravesamos Austria, posteriormente Alemania y por fin llegamos a Republica Checa, donde nos esperaba un conocido que nos daría alojamiento en la capital, la bella Praga.

Praga, la joya de la corona de Europa

El tercer día nos lo tomamos de descanso dado que la primera fase del viaje, aún con pequeños percances, había sido completada. Disfrutamos de un maravilloso día de turismo y pudimos visitar todos los lugares mas destacados de la ciudad y degustar su gastronomía típica.

La noche del tercer día se realizaba el encuentro internacional de participantes, pero decidimos no acudir para poder partir a la mañana siguiente lo antes posible.

Cuarto día, segunda fase del viaje

Partimos al amanecer con dirección Eslovaquia, todo estaba en orden y por el momento nuestro coche reaccionaba de manera correcta. Cruzar Eslovaquia fue sencillo y conseguimos adentrarnos en Hungría en pocas horas. Hungría fue un mero tránsito sin incidentes, hasta que al caer la noche llegamos a la frontera con Ucrania.

Esta era la primera frontera importante que cruzaríamos, y la primera en la que tendríamos que enseñar todo lo que portábamos en un un gran registro policial.Tras más de 5 horas en la frontera y pasar realmente dificultades para entendernos con la policía, dado que ninguno hablaba inglés, nos dieron acceso a su país marcándonos en el pasaporte cuál era la frontera de salida que tendríamos que tomar para entrar en Rusia.

Ya estábamos en Ucrania y era noche cerrada. Decidimos continuar un rato conduciendo y adentrarnos un poco en el país, pero las carreteras que nos encontramos eran realmente malas, todas de doble dirección y con una cantidad de camiones que dificultaba muchísimo la circulación. Con tan mala suerte, que presenciamos un accidente de una furgoneta contra una vaca que cruzaba la carretera.

Esta situación nos hizo decidir parar para pasar la noche. A pocos kilómetros encontramos un hostal en muy buenas condiciones y pasamos ahí la noche. A la mañana siguiente pudimos ver donde estábamos: aquello era un paraíso natural, el hostal estaba en medio de un grupo de montañas las cuales la gente de la tierra visita para hacer excursiones y pasar el día.

Chocando con la corrupción

Comenzamos una nueva jornada, con toda la ilusión de siempre, cuando desde primera hora topamos con el primer incidente: nos dio el alto la policía; nos bajamos y les preguntamos que cuál era el motivo y ellos nos explicaron que por exceso de velocidad, lo cual pusimos en duda porque un coche de tan poca cilindrada con tanto peso no podía ir muy rápido.

Ellos nos dijeron que les acompañáramos a su coche y, una vez dentro , vivimos lo que fue nuestra primera "mordida": de muy buenas maneras nos explicaron que teníamos que pagar una determinada cantidad de dinero o que si no, nos retendrían los papeles del coche y carnés de conducir. Nosotros les pedimos el papel de la multa, pero estaba claro que no existía; finalmente, para poder continuar la marcha, llegamos a un acuerdo entre las dos partes y se les dio 40 euros (un principio pidieron hasta 100).

Tras reanudar el camino, el número de veces que nos paró la policía fue incontable hasta el punto de pagar un total entre Ucrania y Rusia más de 300 euros en supuestas multas.Realmente todos estos incidentes con la policía produjeron que nuestra estancia en Ucrania no fuera todo lo buena que hubiéramos deseado, por eso intentamos cruzar el país con la mayor brevedad posible; tardamos casi dos días y, por fin, conseguimos alcanzar la frontera con Rusia.

Al llegar a la frontera, se nos planteó el primer problema: la frontera marcada no era la correcta, pero de nuevo, con un puñado de euros, lo solucionamos; tras muchas horas de comprobaciones y espera, nos dejaron acceder a Rusia.

Amigos en Rusia

Por fin estábamos en Rusia, acabábamos de dar uno de los pasos más importantes, habíamos conseguido llegar al país más extenso y más complicado de acceder por el que pasaríamos. A pesar de estar contentos, la sucesión de incidentes con la policía de nuevo hizo que nuestra moral decayera: al llegar la noche nuestros ánimos eran los mínimos y nuestro estado físico deplorable.

Entonces fin tuvimos algo de buena suerte, de pronto escuchamos una serie de pitidos y nos percatamos que el vehiculo que nos seguía estaba dándonos continuamente las largas, no podía ser cierto, era otro participante del mongol rally. Nos paramos en el primer sitio que encontramos y comprobamos que además de ser participantes del mongol rally eran de la expedición española y para colmo de Madrid.

Decidimos automáticamente acampar junto al equipo que acabábamos de conocer: Spanish Engenier. Realizamos una gran cena y empezamos a contarnos lo sucedido desde el día de la salida. Por lo visto, el hecho de no haber asistido al acto internacional realizado en la Republica Checa nos había hecho ponernos en cabeza de la expedición, y por ello no nos encontrábamos a más participantes.

A la mañana siguiente, partimos al amanecer junto con el otro equipo; ellos tenían planeado realizar la misma ruta que nosotros, de manera que decidimos continuar el viaje juntos; la primera intención de este día era poder encontrar un río donde poder asearnos, siempre y cuando no nos desviáramos de nuestro trayecto, tras conseguirlo, esa misma noche pudimos dar alcance a la frontera de Kazajstán.

Kazajstán: el desierto

Fue muy curioso el poder ir comprobando como según nos acercábamos a Kazajstán los rasgos de las personas cada vez eran más occidentales; de nuevo tuvimos grandes problemas para acceder por culpa del idioma y, tras varias horas de charlas y papeleos, pudimos acceder al país.

El paisaje cambió por completo: estábamos en un lugar subdesarrollado con casas de barro y moneda devaluada e inexistencia de agua corriente en los hogares, los precios de los mercados eran bajísimos y comer o cenar en cualquier sitio no suponía más de dos o tres euros por persona.

La entrada a Kazajstán suponía el iniciar una nueva etapa (entrada al desierto); a partir de ahora, deberíamos de abastecernos tanto de alimentos, agua y gasolina, porque no sabíamos realmente qué nos podríamos encontrar a lo largo de este país, ni cuáles eran las distancias reales (los mapas que no estaban escritos en cirílico no llevaban señaladas las distancias existentes entre cada población).

La gente y el paisaje era espectaculares y en poder apreciar a los camellos en su hábitat natural fue increíble, además de los bailes típicos que pudimos ver, a pesar de que "desapareciera" mi móvil...

Al poco de cruzar la frontera, ya pudimos empezar a circular por las primeras pistas de arena, que serían las vías típicas de las que transitaríamos durante nuestro paso por el país; en ellas pudimos disfrutar realmente de una conducción deportiva y, en ocasiones, un poco alocada, dado que éramos los únicos que transitábamos por ellas.

En varias ocasiones nos pusimos en el techo del vehiculo para realizar videos espectaculares del desierto por el cual estábamos pasando.

Uzbekistán y Samarkanda

Tras tres días en Kazajstán llegamos a la frontera con Uzbekistan. Esta fue, para mí, la anécdota mas destacada del viaje: los militares kazajos nos dejaron salir de su país aunque estaba anocheciendo y la frontera debería de estar cerrada (los militares se encontraban bajo los efectos del alcohol).

Trascurridos unos cuantos kilómetros llegamos a la frontera Uzbeka y, evidentemente, por las hora que era nos la encontramos cerrada, esto supuso tener que pasar la noche en tierra de nadie rodeado de diferentes personajes que no permitían acceder a ninguno de los dos países que nos rodeaban y de militares uzbekos armados que se encontraban degustando sus licores típicos alrededor de un fuego.

Esa fue realmente una noche difícil, a la mañana siguiente conseguimos entrar en el país; lo que más nos sorprendió fue lo devaluadísima que estaba su moneda, muchísimo más que la kazaja: cambiamos 100 euros y nos entregaron montones de billetes de moneda de la tierra.

Nuestro destino principal en ese país era visitar Samarkanda, una ciudad bellísima y de gran interés turístico, aunque las carreteras que encontramos en este país eran malas y conseguir gasolina era más complicado.En una de las pistas por las que pasamos, nos encontramos a unos alemanes que estaban realizando el rally en bicicleta (unos verdaderos aventureros); tras muchas horas de conducción, llegamos a Samarkanda y nos tomamos todo el día de descanso para visitar la ciudad y retomar fuerzas.

Al día siguiente por la mañana partimos de nuevo a Kazajstán y comenzamos lo que seria la penúltima fase del viaje.

Cuatro en Panda

Conseguimos acceder de nuevo a Kazajstán, y tomamos rumbo hacia Rusia sin más incidentes y con el coche reaccionando de manera perfecta: el equipo que nos acompañaba desde Rusia tuvo que abandonar en el desierto, y nosotros les ofrecimos finalizar el viaje en nuestro pequeño panda.

Partimos de nuevo los cuatro y, una vez en territorio ruso, tomamos dirección Mongolia hacia la frontera elegida para comenzar lo que sería la ultima fase del viaje. Al alcanzar la frontera con Mongolia, la alegría era generalizada, puesto que estábamos a punto de conseguir el reto.

A pesar de ser conscientes de los grandes problemas que tendríamos en esa frontera para acceder con el vehículo, lo que no sabíamos era que la organización no había llegado a un acuerdo con el gobierno mongol que nos impediría acceder a su país hasta pasados dos días, hasta que se solucionaron todos los problemas burocráticos.

La hora de las despedidas

Ya en Mongolia, nos disponíamos atravesar el desierto en dirección a Ulan Bator. No avistamos ni un solo árbol en un trayecto de unos 500 km, tras dos días de aventuras por el desierto; allí no tuvimos más remedio que despedirnos de nuestro pequeño gran Panda, porque a pocos kilómetros de la capital tuvimos un percance en el cual el carter salió muy perjudicado.

Cerca del lugar del incidente se encontraba una pequeña aldea donde encontramos un familia que nos acogió y nos acercó con su todoterreno hasta la capital; nosotros, a cambio, les donamos nuestro vehículo que les vendría muy bien una vez consiguieran arreglarlo.

Ya en Ulan Bator disfrutamos de un par de días de descanso y cambiamos nuestros billetes de vuelta, dado que habíamos llegado con una semana de antelación en el puesto 20 de 500 participantes.

Era el final de una inolvidable aventura."

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