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Lunes, 06/02/12
Desengrasante
Un día entre caballos mecánicos, 2ª parte (III Encuentro Motero de la Posventa MRyT 2009)
Una ruta entre viñedos por el Penedès y l'Anoia llena de curvas y diversión.

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Otra de las novedades era, por supuesto, la ruta, este año más corta y más intensa. Para ajustar los tiempos, pero sin merma de exprimir a fondo monturas y aptitudes de los jinetes, disfrutando de un buen paisaje y su gastronomía, este año confeccionamos un libro de ruta más corto que en ediciones anteriores, de algo más de 180 km. El mapa llevaba este año a los moteros de la posventa por el Penedès, l'Anoia y el Baix Llobregat con tres etapas definidas aunque con la flexibilidad de disponer de "rutas de escape" alternativas que permitieran que cada uno pudiera ir cómodo a su ritmo.
Con salida en Barcelona, la primera de las etapas emprendía la ruta por carreteras bellísimas, tanto en lo paisajístico como en lo ratonero. Empezamos encaramándonos a Collserola por la carretera de Vallvidrera a Molins de Rei. Después, pasamos por La Palma de Cervelló y Corbera de Llobregat hasta llegar a la Creu d'Aragall, donde se había previsto la primera de las escalas técnicas: un desayuno "motero" que permitiera cargar fuerzas para un día intenso. La cantidad de calorías las escogía cada uno... Y nunca fueron pocas.
Tras la Creu d'Aragall, la segunda de las etapas tendría como meta Sant Martí Sarroca. De nuevo, curvas a go-gó, ahora entre viñedos y cavas. Tras pasar por Gelida y Sant Llorenç d'Hortons, Carlos Echeverría decidió ir por libre y tomar una ruta alternativa más tranquila hasta Piera con la Gladius. Sant Sadurní d'Anoia, Capellades, Sant Quintí de Mediona, Sant Pere de Riudebitlles, El Pla del Penedés, Guardiola de Font-Rubí y la escalofriante carretera hasta Font-Rubí, las etapas iban cayendo en el saco de nuestros moteros, no sin algún que otro reagrupamiento para ir cambiando de máquina en lo que podría llamarse una veraniega orgía motera. Cada nueva curva iba desplegando el encanto de un paisaje aún verde, sin agostar todavía por el calor del verano.
A medida que avanzaba el sol y caía más y más chicharra, y por inexcusables cuestiones de repostaje (humano y mecánico) tuvimos que ir haciendo alguna que otra parada no prevista en el programa inicial, para hidratar lo hidratable bajo la sombra de los pinos y dar de comer a las jacas, algunas de ellas un tanto glotonas (sobre todo, exprimidas como iban...).
En Sant Martí Sarroca, justo antes de comer (hacía ya un par de horas que no ingeríamos nada...), hicimos la sesión fotográfica ante el conjunto monumental de los siglos X y XIII del Castell de Sant Martí y la iglesia románica de Santa Maria, catalogados como monumento histórico-artístico de interés nacional. El lugar, de serena belleza, se eleva en un montículo (sa roca) que opera como privilegiada atalaya desde la que contemplar el ondulado municipio, conocido por sus vinos y bañado por el río Foix.
Tras la sesión de bonito, almorzamos en Can Recolons, que nos ofrecía, además del aliciente gastronómico, la posibilidad de ver una interesante colección de morteros (que no moteros) de todos los tipos, países, medidas y materiales de la mano de su propietario, Josep Esteve. Después, llegó el momento de la tradicional entrega de diplomas acreditativos de las cualidades mostradas por todos los participantes. Este año también las no moteras tuvieron su reconocimiento por un trabajo de seguimiento y apoyo siempre ímprobo y nunca suficientemente reconocido.
Con toda la sangre en el estómago y con más ganas de siesta que de fiesta, enfilamos finalmente la tercera y última etapa que nos debía llevar de nuevo a Barcelona. Ahora, la ruta apuntaba a Avinyonet del Penedés por la nacional N-340. Como este tramo fue bastante aburrido (demasiado recto, claro...), nos desviamos hacia Olesa de Bonesvalls y Begues por la carretera seguramente más compleja de la ruta, con bastante tráfico y zonas algo sucias por el paso de camiones de obras. Desde Begues hasta Gavà la ruta transcurre por un desfiladero espectacular de piedra rojiza con el mar de fondo, hasta enlazar con la C-32 para llegar directamente y con un ojo en los numerosos radares cazarrecompensas al punto inicial: el Palacio de Pedralbes, en la Avenida Diagonal.
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